Aunque los seres humanos apenas comenzaron a domesticar los primeros ancestros de los perros a unos treinta mil años, no fue hasta la década de 1880 que los primeros tratamientos para pulgas y garrapatas se desarrollaron, más o menos al mismo tiempo que la vacuna contra la rabia, lo que permitió a los perros se acercaren a nuestra manada humana.

Después de eso, no fue sino hasta la década de 1970 que surgió el concepto de derechos de los animales y no fue hasta la década de 1990 que se reconocieron los perros de servicio y fueron finalmente permitidos, por ley federal en los E.E.U.U., en los lugares a donde eran antes prohibidos.

Solamente hace veinte años que San Francisco se convirtió en la primera ciudad estadounidense a aprobar una ley prohibiendo la eutanasia en perreras. Hasta ahora, todo bien. Pero, en los veinte años siguientes, los seres humanos bien intencionados han olvidado de una cosa muy importante…

Los perros son perros y perros ven a sí mismos en este orden: animal, especie, raza y nombre. También nos miran de esta manera. Para los perros nuestros nombres son el menos importante sobre nosotros.

Pero para los seres humanos los nombres son muy importantes por la forma en que nos identificamos entre unos a los otros. Además, nuestros nombres son muy personales. Si alguna vez has escrito mal o pronunciaste mal el nombre de otra persona (o lo hicieron a ti), entonces sabes lo cuanto tomamos nuestros nombres personalmente. Hay algo raro en eso.

En el mundo de los perros, un “nombre” es el olor y la energía. Es así que los perros se identifican entre ellos y es también la forma como nos identifican a nosotros. Mientras que los perros puedan aprender el significado de cientos de palabras, ellos nunca van a entender que su nombre significa “yo”. Ellos sólo lo entienden como un sonido que haces cuando quieres su atención.

A propósito, por eso nunca debes utilizar el nombre de un perro cuando lo disciplines, de otra manera le enseñas que el sonido de su nombre significa que algo malo va a suceder.
Los nombres son importantes para los seres humanos porque nos acercamos al mundo con nuestro intelecto y las emociones primero. Nuestro intelecto nos hace nombrar las cosas y nuestras emociones dan sentido a esas palabras. Nos metemos en problemas cuando la forma en que aplicamos las palabras no coincide con la realidad.

“Ella es mi bebé.” “Mis perros son mis niños peludos.” “Soy un padre de mascotas.”
Decimos cosas así para nosotros mismos y no hay nada malo en eso. El problema viene cuando en realidad tratamos a nuestros perros como si fueran niños humanos o creemos que ellos perciben el mundo de la misma manera que nosotros humanos.

Como he dicho muchas veces, cuando llegué a los Estados Unidos, más de veinte años atrás, una de las primeras cosas que noté fue lo diferente que eran tratados los perros. No tenían trabajo como los perros en México. Ellos eran mimados, en algunos casos extremadamente.

Vi a la gente vistiendo a sus perros en pequeños trajes o llevándoselos en bolsos. Aquí en los Estados Unidos algunos perros tienen fiestas de cumpleaños, ya oí hablar de bodas y hasta “bark mitzvahs” para perros, con el primero sucediendo en la década de 1970. El primer trabajo que tuve en Estados Unidos fue como un peluquero de perros, algo inaudito en México en ese entonces.

Desde un punto de vista humano, estas cosas pueden parecer buenas y quizá la mejor manera de mostrar a nuestros perros lo cuanto los amamos. Pero desde el punto de vista de un perro, todo eso puede ser muy confuso e incluso experiencias aterradoras. Una boda puede ser bastante estresante para los participantes humanos, ahora imagínate un par de perros en trajes de bodas desfilando junto a un montón de gente y luego permaneciendo inertes mientras alguien dice un montón de palabras. No hace absolutamente ningún sentido para ellos.

Cuando tratamos a nuestros perros como niños o pensamos que son nuestros bebés, no estamos ofreciendo protección y dirección como un buen líder de la manada debe. Al contrario, nos estamos centrando en nuestras necesidades emocionales primero.
El mejor regalo que nuestros perros nos pueden dar es ser equilibrados y felices, por lo que la mejor forma en que podemos mostrar afecto a nuestros perros es permitiendo que sean perros, siguiendo a la naturaleza para respetar y honrar sus instintos caninos.
Mantenga la calma y siga sus instintos.

¿Tratas a tu perro como si fuera tu bebé? Comparte tu experiencia con nosotros en los comentarios.


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